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SEÑOR ÁBREME EL OÍDO...

  • Foto del escritor:  Liliana Méndez Ebra
    Liliana Méndez Ebra
  • 20 abr
  • 4 min de lectura

Isaías 50:4-5 Reina-Valera 1960

4 Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. 5 Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.

 

BOSQUEJO:

 

  • El capítulo 50 de Isaías está bajo el título JEHOVÁ AYUDA A QUIENES CONFÍAN EN ÉL en la versión Reina Valera del 60.

 

  • Comienza con Dios confrontando a Israel (o sea a cada uno de nosotros).  Recordándoles que Él no los había abandonado, (aunque en Jeremías 3:8 dice que se había divorciado del pueblo por su constante pecado en contra de Dios)

 

  • Les dice en esta conversación que ellos mismos se han distanciado y separado por su pecado.  Israel se había olvidado del Poder del Señor, y buscaron ayuda en otras naciones.

 

TENEMOS QUE RECORDAR QUE SÓLO EL PECADO NOS SEPARA DEL SEÑOR.

 


VAMOS A DISECTAR ESTOS VERSÍCULOS:

 

  • Lo primero que encontramos, es que el profeta proclama que EL SEÑOR LE HA OTORGADO LENGUA DE SABIOS. 

 

  • En Proverbios se nos explica el resultado de tener lengua de sabios.

 Proverbios 12:18 Reina-Valera 1960

18 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada;

Mas la lengua de los sabios es medicina.

 

Es decir que, en ninguna forma, la lengua de sabios de la cual habla el Profeta tiene como propósito impresionar, convocar, convencer a alguien para propósitos personales.  Para obtener una ganancia propia.  ¡NO!  LA LENGUA DE SABIOS DE LA CUAL HABLA ISAÍAS ES PARTE DEL EQUIPO NECESARIO PARA TRAER alivio, medicina, palabras de aliento y MENSAJE DE ESPERANZA al que está cansado; al que está en necesidad.  El que todavía no ha tenido una experiencia con El Dios de toda Consolación, El Dios de la Esperanza, El Dios de la Vida Eterna.  Traer apoyo al que está caído y necesita el recordatorio de que nuestro Dios… ¡ES EL DIOS DE LO IMPOSIBLE!

 

AHORA QUE ENTENDEMOS PARA QUÉ NECESITAMOS TENER LENGUA DE SABIOS, LA PREGUNTA OBLIGADA ES… ¿CÓMO SE LOGRA ESTO?

 

El Profeta nos da la receta inmediatamente.

 

DESPERTARÁ MI OÍDO:


Mañana tras mañana Dios va a despertar mi anhelo de reunirme con Él.  Esa oración en solitario es la que nos permite tener un encuentro personal con El Señor no importa la hora de la madrugada. 

 

Recuerdo hace algunos años cuando fui invitada a participar en una campaña de damas en una amada iglesia en Pennsylvania.  Mi hija espiritual me hizo la invitación y me hospedó en un hotel muy cómodo y bonito.  Resulta que cada madrugada mientras me hospedé en ese hotel, a las 4 a.m. en punto, El Señor me levantaba a orar.  A mí que me gusta tanto dormir, no me hacía ninguna gracia, pero Dios me habló por medio de Su Palabra, recordándome que Él habría de despertarme a la hora que quisiera para adiestrarme, disciplinarme, hablarme, convocarme y dirigirme.  “TAN TAN”.  Cero discusión.  Después de todo ÉL ES MI DUEÑO Y SEÑOR.  Desde entonces, alrededor de las 4 a.m., Dios me despierta y tenemos nuestras conversaciones privadas. 

 

ESO PRECISAMENTE DICE ISAÍAS :

 

No podemos aspirar a ser de bendición, ayuda y sostén de nuestro hermano, si antes no hemos desarrollado el oído espiritual.  Cuando trabajaba en el Tribunal Federal como Oficial de Probatoria, siempre le pedía al Señor que me permitiera “ver lo que nadie veía para ser de ayuda”.  Y es que no necesariamente las palabras que salen de la boca del que necesita nuestra intervención son cónsonas con su verdadera necesidad interior.

 

Hay que aprender a escuchar y no distraernos en lo que tenemos que responder o decir.  De hecho, la Biblia es súper clara en esto:

 

Mateo 10:19-20 Nueva Traducción Viviente

19 Cuando los arresten, no se preocupen por cómo responder o qué decir. Dios les dará las palabras apropiadas en el momento preciso. 20 Pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes.

 

Ese mensaje se aplica a todas las áreas de nuestra vida.  Escuchamos a través del filtro del Espíritu Santo, cuando El Señor ha despertado nuestro oído podemos entonces escuchar como los sabios; sin preocuparnos por lo que tenemos que decir.

 

Isaías es firme al explicar que ante el reto del Señor de adiestrarlo a escuchar de forma espiritual, él fue obediente y no se resistió.  Todos los hijos de Dios hemos experimentado Su disciplina, Su dirección inequívoca… ¡Sabemos cómo duele!  PERO TAMBIÉN RECONOCEMOS QUE NO EXISTE OTRO CAMINO PARA AGRADAR A DIOS QUE SOMETERNOS A SU SEÑORÍO.

 

FINALMENTE, el profeta menciona dos clases de personas:

 

El Capítulo 50 de Isaías finaliza con dos versículos que detallan el resultado de la obediencia a Dios y el someterse o no a Su entrenamiento y disciplina.

 

EL UNO:

 Isaías 50:10 Nueva Traducción Viviente

10 Entre ustedes, ¿quién teme al Señor y obedece a su siervo? Si caminan en tinieblas, sin un solo rayo de luz, confíen en el Señor y dependan de su Dios.

 

Y EL OTRO:

 Isaías 50:11 Nueva Traducción Viviente

11 Pero tengan cuidado, ustedes que viven en su propia luz, y que se calientan en su propia fogata. Esta es la recompensa que recibirán de mí: pronto caerán en gran tormento.

 

ENTONCES PARA SER ÚTILES al Señor; para hacer Su Voluntad y ser efectivos en nuestro servicio tenemos que:


  • Permitirle al Señor abrir nuestros OÍDOS ESPIRITUALES, nuestro entendimiento.

No para ser admirados, sino para consolar y ser utilizados por Dios.

  • Ese “abrir los oídos” de parte de Dios es lo que nos permitirá tomar decisiones “sabias”.

  • Ese abrir los oídos es un proceso diario… no terminamos de ser capacitados nunca… SEGUIMOS EN CONSTRUCCIÓN.

  • Por tanto, la única forma de lograr lo anterior es SOMETERNOS TOTALMENTE A DIOS


AÚN EN LA OSCURIDAD... SEGUIMOS CONFIANDO EN ÉL...

 

 

 

 

REFERENCIAS: 

 

1-   Comentario Bíblico Beacon, Ross E. Price, et al; Casa Nazarena de Publicaciones, 1984

2-  Comentario Bíblico de William MacDonald, Editorial Clie, 2004.

3-  Biblia del Diario Vivir, Editorial Caribe, 1997.

 
 
 

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